Ayer, al salir de trabajar, me encontré, con aquello que ahora se llama marcha de indignados, mal empezamos, pues claro está, que esto de poner un nombre ha algo, tiene cierto tufo de mercado y marca.
Ocurre en mi, algo que solo me molesta a mi mismo, pues soy yo quien únicamente lo sufre, esto es mi dualidad a la hora de enfrentarme ha estos hechos. Por un lado, no puede de dejar de estar de acuerdo, pero por otro lado, no dejo de tener ciertos, muchos reparos.
Visto desde la distancia, no me gusta el desorden, eso que se llama cambio, no es mas que un relevo, a si mismo se viven épocas donde la palabra cambio se utiliza con demasiada frescura, el mundo no cambia, cambia sus medios, el humano, se sigue riguiendo por lo mismo que se reguia desde que aprendio a utilizar el lenguaje, y posiblemente nada de esto se pueda cambiar.
Por otro lado, muchos a los que oigo criticar el estado de las cosas, son, ha una escala menor igual que aquellos que critican, especulan o han especulado, viven del crédito, echandose a llorar cuando no lo pueden pagar.
Mi experiencia vital, me ha demostrado, que la izquierda en general solo le gusta ganar elecciones, y una vez que esto ocurre, se sientan en sus poltronas haciendo nada de lo que prometen. Su efectividad solo es palpable cuando no mandan.
Da verguenza ajena escuchar a Rubalcaba hablar ahora de la danación bancaria, cuando hace cuatro meses ellos junto al PP tumbaron esa medida que propuso IU .
Lo que más me sorprende de la raza humana, no son nuestros extraordinarios logros, si no nuestra capacidad infinita para ser como niños, para creer en aquellas realidades, que realmente no son reales, y para repetirlas una y otra vez en pos de la esperanza...
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