miércoles, 1 de febrero de 2012

2666 Bolaño

Cuando uno termina un grán libro -utilizando este adjetivo con la propiedad que requiere, más allá de su significado semántico- se queda con un gran vacio, el sentimiento de perdida, viene acompañado, con el placer de haber conocido y comprendido, seamos cautelosos con esto último, algo grande que por la magía supera al mismo escritor, dos libros ocupaban hasta entonces este extraño y personal olimpo, Los Miserables de Victor Hugo, y La vida de Samuel Jhonson de Bosweel. Ahora con gran placer añado el 2666 de Bolaño. Un libro no te cambia la vida, no seamos ni pretenciosos ni tengamos ese idealismo pueril, el arte no cambia el mundo, ni siquiera lo trasforma, lo entretiene, moldea los ecos internos de cada uno. Eso es lo que ha hecho este libro conmigo; a cambiado mis voces interiores, esa extraña criatura que habita con nosotros, aveces tímida y sigilosa, siempre resguardada con la parafernalia que arrastra todo ser humano consigo. Me ha llenado de misterio esas lecturas de madrugada, y ahora me ha dejado solo con el sentimiento de ser abandonado por algo que ya no volverá.
Uno que ha sido y és muy desgraciado en casi todos lo ambitos de la vida, sobre todo en aquellos que requieren practicidad , espíritu mundano y comercial solo tiene esta excusa para vivir, la sorpresa y el poder de la mente, el ocaso de lo practico y la vuelta de las brujas vivas de la vida.

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